Aunque sé que no vas a leer este post, hoy, 1 de abril de 2011, quiero felicitarte con todo mi cariño de abuela orgullosa de su nieto.
Es verdad que últimamente ando inmersa en el mundo de Paula, no me olvido de ninguno de mis diecinueve nietos, sin embargo, la más pequeña, con sus dos meses de vida, es la que ahora más me necesita.
Mira, aquí estás en brazos de la mamá de Paula, tu tía Tamara
También a ti, Alejandro, te tuve en mis brazos cuando naciste, chiquito, chiquito, porque, impaciente, te adelantaste un mes para venir a este mundo.
Chiquito y ahora tengo que ponerme de puntillas para darte un beso, aún así, si no te agachas, ni llego...
No voy a hablarte de lo orgullosa que me siento, nos sentimos, de tu manera de ser ni de tus brillantes estudios ni de todos esos valores que llaman la atención en un adolescente como tú; tampoco de lo superbien que lo ha hecho tu madre contigo y de como tu existencia ha llenado la de ella, madurándola como mujer y como madre. Todo eso es el bagaje con el que los dos contáis, algo que nadie puede quitaros por muchas vueltas que dé la vida. Es vuestro auténtico tesoro y una maravillosa herencia que no dudo, sabrás transmitir a tus hijos cuando llegue el tiempo oportuno.
No te voy a hablar de nada de eso y ya te he hablado... Lo que quiero contarte es que llegaste a nuestras vidas, a la mía, en un momento muy especial que nunca podré olvidar. Sin duda Raquel, tu madre, lo recuerda. Dos meses hacía que acababa de perder a mi padre, Goyo, la persona que más he querido en mi vida y a la que debo lo que soy que no es mucho, pero que sin él nada hubiera sido. Por eso creo que tu nacimiento fue para mi un auténtico bálsamo para aquella herida sangrante, aún hoy gotea cuando pienso en él. Una nueva ilusión, Alejandro, como un velo que cubría aquel dolor.
Muchas veces he comentado con Raquel que has heredado mucho de tu bisabuelo. Tal vez él se fue dejando en ti su huella, parte de lo que fue en esta vida para muchas personas, muchísimas, no sólo de su familia, sino de cuantos le trataron, compañeros de trabajo, alumnos, amigos y conocidos... Espero, querido nieto, que sepas dar mucho fruto con lo que has heredado de él.
Y ya no quiero seguir porque me estoy acordando demasiado de mi padre y lo que pretendía con esta entrada era sólo desearte toda la felicidad que Dios quiera concederte en esta vida, ya sabes que será mucha, pero limitada porque la otra, la eterna, la alcanzaremos en el Cielo donde, si Dios quiere, te estaré esperando en la misma puerta.
Hace quince años, mi padre me dejó, cómo hubiera disfrutado él contigo, y Raquel, tu madre, hace quince años, te puso en mis brazos.
¡¡¡ MUCHAS FELICIDADES, ALEJANDRO !!!
GRACIAS POR VENIR




